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Palomares 66. Un pueblo castigado

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Palomares 66. Un pueblo castigado

Era una mañana, ni las nueve y media eran todavía, de un 17 de enero de 1966; pero un enero como debe de ser y no como ahora, pues era aquel un día de viento frío. Un viento que convertía la planicie del mar en un revuelto bosque de olas.palomares 1Pero todo eso no parecía importar mucho a Francisco Simó. Este pobre pescador estaba faenando cuando vislumbró en el amplio cielo cuatro enormes aviones. Para concretar, un bombardero B- 52, cargado con cuatro bombas nucleares, y un avión de reabastecimiento, que se encargaría de repostar al primero para su retorno a Estados Unidos. Los otros dos aviones, mientras, esperaban su turno para el repostaje.

Todo esto era algo normal en aquella convulsa época de Guerra Fría. El paso de aviones americanos procedentes de la Base Aérea de Morón era tan común como ver pasar una gaviota, pero en esta ocasión pasó algo distinto y fatal. El avión del combustible comenzó a arder y explotó, afectando al bombardero, que también acabó explotando. Ocho tripulantes de ambos aviones murieron en este incidente, pero lo terrible fue cuando las cuatro bombas nucleares cayeron sobre el pequeño pueblo de Palomares (Almería).

Tres cayeron a tierra, de las cuales dos se hicieron pedazos y todo el “mejunje” nuclear se expandió por el aire y las tierras de alrededor, infectando y marcando a esta pobre población y sus cultivos para el futuro. La cuarta bomba cayó en el mar, donde sólo el pescador Francisco Simó sabía que estaba. Por eso, fue el encargado de guiar a los americanos que se encargaban de encontrarla, y fue conocido como Paco el de la bomba de por vida. Las dos bombas recuperadas casi intactas se encuentran actualmente expuestas en el National Atomic Museum de Alburquerque (Nuevo México). Y la recuperación de la bomba del fondo del mar aparece en la película Hombres de Honor, protagonizada por Cuba Gooding Junior y Robert de Niro.

Se podría decir que fue un verdadero milagro que las bombas no estallaran. Y por esto, el gobierno de Franco, y por supuesto también el americano, se encargó de restar importancia a esta tragedia. ¡Aquí no se les ha perdido nada! Pero claro, todo era más serio de lo que pudiera parecer; de hecho lo sigue siendo. La contaminación de Palomares por culpa del plutonio de las bombas se intentó silenciar a toda costa. Se veía en peligro el sector turístico, en auge en aquella década, y por ello el gobierno franquista se puso manos a la obra.

Famosas fueron las imágenes de Manuel Fraga bañándose en las aguas de Palomares, pero, según cuentan algunas fuentes, el baño se habría realizado cerca de Mojácar, a unos 15 kilómetros del lugar del accidente. ¿Y quién se iba a dar cuenta? Todo valía para tapar la verdad. Por su parte, el gobierno americano envió equipos especiales para la extracción de residuos, llevándose a su país toneladas de tierra y vegetación contaminadas. La guardia civil ayudó a las tareas de limpieza, pero no recibieron ninguna protección por parte del gobierno español (Bah, no hacía falta).

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En imagen: Manuel Fraga y el embajador de Estados Unidos bañándose en “las aguas de Palomares”

El llamado Proyecto Indalo, con el que España y Estados Unidos colaboraban para mantener controlada la contaminación de la zona, finalizó de forma abrupta en 2009. Con la excusa de que ya no había peligro alguno, los americanos dejaron de dar dinero para restaurar el desastre que ellos cometieron. Y permitid que me ría, pero según los expertos, hay radiactividad para unos 25.000 años más. Pues nada, no hay peligro alguno.

Y si no hay peligro alguno, ¿por qué se firmó de nuevo en 2015 un acuerdo entre E.E.U.U. y España para llevarse todos los residuos restantes? Porque un par de años antes se había hecho un mapa en 3D donde se veía la radiactividad de Palomares y saltaron todas las alarmas. 50 años después, los pobres habitantes de este municipio tienen que sufrir las silenciosas consecuencias de ser la población más radiactiva de España y escenario perpetuo de la negligencia humana; la operación Broken Arrow más desastrosa de la historia, que podía haber tenido consecuencias peores, y ya es mucho decir. Un accidente cuyas secuelas se mantendrán durante milenios, como nuestro pequeño y particular Chernóbil. Bravo, especie humana… Bravo.

 


Redacción: Fernando Cabrera. Periódico EL LORQUINO. 


 

 

Redacción de Periódico EL LORQUINO Noticias.

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